Con el post de hoy vamos a iniciar una serie de entradas dedicadas a bibliotecas y archivos que consideramos interesantes, tanto por los fondos y colecciones que atesoran como por su historia y características arquitectónicas.

La primera biblioteca de la que vamos a hablar es la del Senado, cuya sala de lectura es considerada una de las más artísticas de España, y de la que existe una réplica en el Casino de Madrid.

Esta biblioteca reúne además uno de los fondos bibliográficos históricos más importantes de España, con obras que van del siglo XV al primer tercio del XX.

Desde sus orígenes, ha experimentado la evolución propia de las bibliotecas parlamentarias europeas, surgidas como consecuencia de las necesidades informativas promovidas por los cambios vividos a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

 

HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LA BIBLIOTECA DEL SENADO

El germen de la Biblioteca del Senado se encuentra en la Biblioteca de las Cortes. Ante la necesidad de que los parlamentarios de las Cortes de Cádiz contasen con todo tipo de información para desarrollar su trabajo, en 1811, se acuerda la creación de la Biblioteca de las Cortes, confiándose su dirección a Bartolomé José Gallardo.

Se organiza entonces una biblioteca legislativa para consulta de los Diputados, pero que recoge también tesoros bibliográficos nacionales, y pidiéndose además a los impresores que remitieran dos ejemplares de todas las obras y papeles que se imprimieran.

Tras el fin de la Guerra de Independencia las Cortes y su Biblioteca se trasladan a Madrid. Las primeras reuniones de las Cortes en la capital se celebraron en el Teatro de los Caños del Peral, donde hoy se levanta el Teatro Real. Este edificio fue ligeramente adaptado por el ingeniero de marina Antonio Prat, pero se encontraba en tan mal estado que los diputados decidieron trasladarse al vecino Colegio de Nuestra Señora de la Encarnación, conocido como Colegio de doña María de Aragón por su fundadora.

Fachada principal del palacio del Senado

La Biblioteca de las Cortes permanece en las dependencias del antiguo Colegio hasta la aprobación de la Constitución de 1837 y la implantación del bicameralismo, que supusieron su supresión y el nacimiento de la Biblioteca de la Cámara Alta en 1838.

La Comisión de Fomento y Conservación de la Biblioteca fue la encargada de la gestión y administración de la Biblioteca del Senado, ocupándose de la selección de los libros que más interesaban a la institución y adquiriendo importantes conjuntos bibliográficos.

Uno de sus trabajos más destacados de la Comisión fue la redacción y publicación, en 1851, del Reglamento para el régimen interno de la Biblioteca, así como de su primer catálogo, que recogía por orden alfabético y materias sus fondos.

Catálogos de la Biblioteca del Senado

 

En 1923, con la dictadura de Primo de Rivera desaparece el Senado. Unos años después, en 1939, los fondos de su Biblioteca se adscriben al recién creado Instituto de Estudios Políticos.

Entre esa fecha y 1977, los fondos de la Biblioteca del Senado sufren diversas vicisitudes. Nos las explica Llorca Zaragoza, quien señala que con motivo de las obras realizadas en los años ’60 en el palacio del Senado, los fondos se dispersan de tal modo, que una parte importante fueron depositados en los sótanos o incluso en las viviendas de los ujieres.

Ante esta situación, en 1972 se elabora un Proyecto de Reordenación de la Biblioteca del Senado, firmado por el citado Llorca Zaragoza, García Morales y Plaza Escudero, y se procede a la reordenación y clasificación de los fondos. Finalizadas estas tareas en 1974, se publicó una edición provisional del Catálogo de Autores y el Catálogo de Fondos Especiales.

Con las Cortes Constituyentes de 1977, la Biblioteca del Senado inició una nueva etapa, en la que se incorporó personal bibliotecario especializado y se comenzó a adquirir libros, revistas, colecciones legislativas, y todo el material bibliográfico necesario para apoyar las actividades parlamentarias, pasando a ser una biblioteca especializada en temas jurídicos, parlamentarios y autonómicos.

Actualmente, la Biblioteca del Senado forma parte de la Dirección de Documentación, dependiente de la Secretaría General. El departamento se organiza en dos servicios: el servicio de Ingresos y Catalogación (adquisición, catalogación y clasificación) y el servicio de Información Bibliográfica (orientación e información, atención para la consulta en sala y las bases de datos, préstamo de libros y servicio de reproducción).

LA SALA DE LECTURA DE LA BIBLIOTECA DEL SENADO

Las sucesivas transformaciones  que, a partir de 1813, sufrió el antiguo Colegio de doña María de Aragón para albergar el palacio del Senado han enmascarado la estructura primitiva del edificio. Estas modificaciones consistieron principalmente en el cerramiento de los claustros y la transformación de la planta rectangular de la iglesia del Colegio en un salón de sesiones ovalado, que durante mucho tiempo se consideró la original del templo.

La desaparición de los claustros del antiguo Colegio comenzó a finales del siglo XIX. En 1882, el arquitecto Emilio Rodríguez Ayuso fue elegido para emprender la renovación de la distribución interior del palacio del Senado. Entre las reformas que se realizaron se incluyó la construcción de la nueva biblioteca, que ocupa parte del espacio del antiguo claustro oriental del Colegio.

Sala de lectura de la Biblioteca del Senado

El aspecto externo de la sala de lectura de la Biblioteca sigue el modelo generalizado a partir del siglo XVI, consistente en salas con estanterías a lo largo de sus paredes, divididas en galerías. Esta disposición es tomada de la Biblioteca del Escorial y persiste hasta mediados del siglo XIX, cuando fue reemplazada por otros sistemas más prácticos.

Rodríguez Ayuso la diseñó siguiendo un claro estilo inglés con reminiscencias neogóticas, destacando la utilización del hierro como elemento base. El arquitecto justificó el uso de este material por su intención de evitar posibles incendios, convirtiéndose con esta preocupación en un adelantado en lo que respecta a la conservación preventiva de archivos y bibliotecas.

Las estanterías de chapa y fundición fueron realizadas por Bernardo Asins Serralta, uno de los rejeros más importantes de la época, autor también de la rejería del Banco de España. En el dintel de la entrada se conserva la placa de su taller.

Su estructura tiene dos alturas, comunicadas entre sí por medio de escaleras de hélice o caracol ocultas en dos esquinas opuestas de la sala. El segundo cuerpo se abre a una galería volada. Los estantes tienen entrepaños móviles para la colocación de los libros a distintas alturas, además de un cuerpo inferior con cajonería que forma el zócalo del primer nivel. Podemos apreciar claramente el estilo neogótico inglés en el uso del arco ojival.

Escalera de caracol oculta de la sala de lectura

La estancia recibe luz natural a través de un lucernario situado en el techo, aunque dispone también de una lámpara de estilo gótico. En el centro de la sala hay un facistol, un mueble realizado también en hierro que se utiliza como vitrina expositora de algunas de las obras bibliográficas conservadas en la Biblioteca, concretamente puede verse una edición príncipe de la Constitución de Cádiz de 1812 y la Gramática de Antonio de Nebrija, publicada en 1550.

La decoración de la sala se completa con un busto de Manuel García Barzanallana, realizado en 1907 por Rafael Algueró e hijo. El marqués de Barzanallana fue presidente del Senado y el gran impulsor de la Biblioteca del Senado y de la colección artística que se conserva en el edificio.

Busto de Manuel García Barzanallana, Rafael Algueró e hijo (1907)

FONDOS DE LA BIBLIOTECA DEL SENADO

La Biblioteca del Senado cuenta actualmente con más de 365.000 volúmenes, que se distribuyen en dos fondos bibliográficos: fondo histórico y fondo moderno.

El fondo histórico corresponde a la primera etapa de la Biblioteca, es decir, al primer período bicameral (11834-1923) se compone de más de 130.000 volúmenes que forman parte del Patrimonio Bibliográfico del Senado. El núcleo original de este valioso fondo se formó a partir de dispersiones, requisas e incautaciones derivadas de los movimientos políticos y desamortizaciones de la primera mitad del siglo XIX. A él, se añadieron posteriormente donativos y adquisiciones.

Una parte importante de este núcleo original procede de la biblioteca privada del infante don Carlos María Isidro, hijo de Carlos IV, confiscada por orden de la reina regente María Cristina y depositada en el palacio del Senado en 1835.

Los motivos que originaron la adjudicación de este fondo bibliográfico a las Cortes aparecen recogidos en el expediente conservado en el Archivo del Senado y en los Diarios de las Cortes.

Los ex libris que aparecen en los volúmenes procedentes de la biblioteca incautada al infante parecen indicar un doble origen. Una parte de ellos, pertenecería a la biblioteca conjunta que compartieron los infantes don Fernando (futuro Fernando VII), don Carlos María Isidro y don Francisco de Paula Antonio de Borbón durante su exilio en Francia, en la que se utilizó un ex libris con sus iniciales (FCA) y una leyenda a su alrededor (“Propièté des trois”). En cambio, en otra parte de los volúmenes aparecen las siglas SDSYDA, que nos remitiría a la biblioteca de su tío, el infante don Antonio Pascual de Borbón, quien debió cedérselos.

Durante la primera etapa de la Biblioteca, la Comisión de Fomento y Conservación enriqueció este fondo histórico con la donación testamentaria del fondo de don Ángel Fernández de los Ríos, con la compra de una parte de la biblioteca de la Casa de Osuna-Infantado (1884), y la adquisición de la biblioteca del general Gómez de Arteche (1906), con un amplio fondo documental sobre la Guerra de Independencia, y de los fondos de Eduardo Hinojosa, senador y académico de la Historia.

De los diez incunables conservados en el fondo histórico de la Biblioteca, de los cuales el más antiguo es la Compendiosa Historia Hispánica de de Rodrigo Sánchez de Arévalo, obispo de Zamora, editado en Roma en 1470, nueve proceden de la biblioteca de don Carlos María Isidro, siendo la única excepción las Ordenanzas Reales de Alfonso Díaz de Montalvo, impresas en Sevilla, en 1492.

La Biblioteca del Senado posee además 358 obras editadas en el siglo XVI, entra las que destaca una edición de 1502 de Epístolas de Seneca, y la mencionada Gramática de Antonio de Nebrija. El origen de estos ejemplares del siglo XVI es variado, una gran parte procede de la citada Biblioteca del infante Carlos María Isidro, mientras que el resto proviene de la Casa de Osuna, la Biblioteca de Fernández de los Ríos o las colecciones que se adquirieron a Eduardo de Hinojosa y al general Gómez de Arteche.

Entre las obras del siglo XVII, encontramos Epítome de la vida y hechos del invicto Emperador Carlos V de Juan Antonio Vera Zuñiga y Figueros, conde de Roca, mientras que al siglo XVIII corresponden una primera edición de la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert.

Estos fondos especiales cuentan además con una colección de láminas de Francesco y Giambattista Piranesi, el Atlas de la Península Ibérica y de las posesiones españolas de Ultramar de Tomás López (1761-1770) y 181 obras musicales.

Por último, dentro de este fondo encontramos también los Diarios de Sesiones de las Cortes, Congreso y Senado, fechados entre 1810 y 1939, y los ejemplares de la Gaceta de Madrid, antecedente del Boletín Oficial del Estado.

En cuanto al fondo moderno, este comprende las obras ingresadas desde 1977 hasta la actualidad. Se componen de monografías, obras de referencia y materiales no librarios sobre temas parlamentarios, autonómicos, jurídicos y políticos de interés para el trabajo en el Senado.

Está integrado además por la colección de Jesús Pabón, en la que se encuentran obras de contenido político e histórico, publicadas entre 1930 y 1970.

El Catálogo general de la Biblioteca del Senado (CATA) se encuentra automatizado, siendo posible consultarlo a través de la red. Asimismo, la Biblioteca del Senado dispone de una colección digitalizada de obras de su fondo histórico que pueden consultarse en la web del Senado, y que comprenden desde sus incunables a una selección de libros de los siglos XVI y XVII, obras sobre la Guerra de Independencia y textos de los Reglamentos del Senado entre 1834 y 1918.

USUARIOS Y VISITAS

El horario de la Biblioteca del Senado es de lunes a viernes, de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 18:00 horas, excepto en los días en los que se celebra sesión plenaria. En el verano, durante el mes de agosto, sólo puede accederse en horario de mañana.

Pueden utilizar la Biblioteca los parlamentarios, personal de las Cortes Generales e investigadores. Para acceder como investigador es necesario estar acreditado. En este enlace podéis ver el modelo de solicitud y normas para obtener la tarjeta de investigador.

No obstante, si estáis interesados en conocer esta Biblioteca sin llegar a ser usuarios podéis hacerlo también a través de las visitas guiadas que organiza el Senado, cuyo recorrido muestra las principales salas de sus dos edificios, incluida la sala de lectura de la Biblioteca, y los cuadros más relevantes de su colección, ofreciendo una breve explicación sobre la historia de esta institución, su composición y funcionamiento. Nosotros, dentro del curso ARTE EN VIVO que organizamos, hemos asistido en varias ocasiones a estas visitas y os las recomendamos.

Otra posibilidad, es participar en las jornadas de puertas abiertas que se llevan a cabo todos los años a principios de diciembre con motivo de la celebración del Día de la Constitución. Los días y horarios exactos de las jornadas suelen aparecer unas semanas antes en la página web del Senado.

Por último, si no queréis o no podéis trasladados hasta el palacio del Senado, podéis conocer su Biblioteca a través de la visita virtual disponible en la misma página web. Así que ya no tenéis excusa para conocer esta pequeña joya de Madrid.

BIBLIOGRAFÍA

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