Gracias a la celebración en 2014 de la primera edición del programa ¡Bienvenidos a palacio!, que diseñamos y gestionamos para la Comunidad de Madrid, conocimos la casa-palacio de don Manuel González-Longoria, actual sede del Colegio Notarial de Madrid. Posteriormente, tuvimos la suerte de poder incluir este inmueble dentro de las visitas del curso ARTE EN VIVO, contando siempre como guía con don Antonio Pérez Sanz, Notario Honorario.

Al hablar de este inmueble, debemos hacer una primera aclaración. No debemos confundirlo con el mucho más conocido palacio Longoria, situado en la calle Fernando VI y sede de la Sociedad General de Autores (SGAE). Aunque ambos edificios están vinculados a la misma familia, el palacio Longoria fue propiedad del financiero Javier González-Longoria, sobrino de don Manuel, y construido unos años después, a principios del siglo XX.

La casa-palacio de don Manuel González-Longoria se sitúa en el denominado barrio de los Jerónimos, en el distrito de Retiro. También conocido como barrio del Congreso y barrio del Museo. Antes de centrarnos en la historia y las característica del edificio, consideramos interesante hablar primero un poco del barrio de los Jerónimos, de sus orígenes y configuración, para conocer algo más del urbanismo de esta zona de Madrid.

EL PRADO VIEJO, EL BUEN RETIRO Y EL BARRIO DE LOS JERÓNIMOS

Los orígenes del barrio de los Jerónimos se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, momento en el que la posesión real del Buen Retiro se convierte en el Parque de Madrid gracias al impulso de Fernández de los Ríos.

Aunque el barrio forma parte del casco antiguo de Madrid, presenta una ordenación característica de las zonas de ensanche, con manzanas geométricas y calles en su mayoría amplias. Esto se debe a que su transformación en zona residencial y su poblamiento fue posterior al resto del espacio incluido en el interior de la cerca de Felipe IV, coincidiendo con el desarrollo del Ensanche Este de la ciudad.

Su superficie ocupa parte de lo que fue el Prado Viejo, un área despoblada, extramuros del núcleo urbano que, junto con el arrabal de Atocha, constituían el límite oriental de la villa . Con los Austrias, pasó a ser el área de expansión de Madrid, contribuyendo significativamente en su configuración la instalación en 1502 del monasterio de los jerónimos.

Iglesia del monasterio de los jerónimos.

Francisco de Sandoval, duque de Lerma, es el primer noble que se percata del valor adquirido por el Prado Viejo, emprendiendo a partir de 1602 la adquisición de tierras para la construcción de su casa de recreo. En las primeras décadas de ese siglo, siguiendo el ejemplo del duque de Lerma, otros vecinos ilustres de la villa se instalaron en distintos tramos del Prado Viejo. La creación de estas residencias de recreo o casas-jardín contribuyo al ennoblecimiento de la zona.

Pero el elemento clave en el proceso de configuración urbana y arquitectónica de esta zona, y por extensión de toda la villa fue la posesión real del Buen Retiro. Su construcción significó la dignificación de la principal entrada a la corte y la consolidación arquitectónica de este tramo del Prado Viejo, aumentando la necesidad de privilegiar urbanísticamente esta zona periférica, convertida en el eje fundamental del futuro proceso de expansión de la ciudad.

Con el incendio del Álcazar en 1734, y hasta 1764, el palacio del Buen Retiro se convierte en la residencia principal de la familia real, favoreciendo de nuevo que muchos nobles construyeran sus palacios en las proximidades del Real Sitio, y propiciando la extensión del recinto urbano por este sector.

Casón del Buen Retiro. Museo del Prado.

Las reformas urbanas más importantes de este sector en el siglo XVIII se producen durante el reinado de Carlos III, quien activa el proyecto del Prado de San Jerónimo (1767-1784), diseñado por José de Hermosilla y ejecutado por Ventura Rodríguez. Este proyecto intentaba integrar de una forma unitaria los espacios dispersos entre la ciudad y el conjunto palatino del Buen Retiro, mediante la creación de un espacio embellecido por fuentes y vías arboladas.

A principios del siglo XIX, la Guerra de Independencia causó la devastación y ruina de la posesión real. Finalizada la contienda, Fernando VII inició su reconstrucción en 1813. Una vez concluido este proceso, el monarca permitió el acceso público a una gran parte de la posesión real, manteniendo para el uso exclusivo de la familia real la zona noreste del recinto, que paso a conocerse como El Reservado.

Junto con esta cesión, entre los años 1850 y 1855, se crean en el ángulo formado por la calle Alcalá y el Paseo del Prado el palacio de San Juan y el llamado Jardín de Primavera, en el solar que ocupa hoy el Palacio de Comunicaciones.

Es a partir de esos años, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando los jardines del Buen Retiro pierden aproximadamente un tercio de su espacio. Con la aprobación del Plan Castro, se inician las presiones sobre la antigua posesión real, provocando su desmembración. En 1865, se aprueba la cesión al Ayuntamiento de Madrid de la franja de terreno comprendida entre las calles Alcalá, el Salón del Prado, el Paseo de Atocha y la actual calle de Alfonso XII, para su futura distribución en manzanas, destinadas a edificación. Posteriormente, es cercenado en 1873 el Olivar de Atocha, situado en la parte meridional del Retiro.

Entrada del parterre. Parque de El Retiro. Calle Alfonso XII.

La aprobación de la urbanización de la franja occidental del Real Sitio inauguró una etapa de gran especulación. Se trataba de un espacio urbano estratégico, de gran valor, con uno de los conjuntos arquitectónicos y monumentales de mayor relevancia de la ciudad (palacio del Buen Retiro, iglesia de los Jerónimos, Basílica de Atocha, Jardín Botánico, Museo de Pintura y Observatorio Astronómico). Esto lo convertía en la zona más apropiada para acoger un elegante barrio residencial, con viviendas para la aristocracia y las clases medias y burguesas.

Entre 1865 y 1870, se emiten una serie de órdenes municipales dirigidas a la explanación y distribución en manzanas de este sector. El nuevo y precario trazado viario se abrió en la mitad norte de la franja desgajada, y se compuso por las calles Juan de Mena, Alarcón (actual Ruiz de Alarcón), Felipe IV, Valenzuela y Lealtad (actual Antonio Maura). La calle Juan de Mena llegaba sólo hasta la calle Alarcón y no hasta el Paseo del Prado. La calle Méndez Núñez, que rodea el antiguo Salón de Reinos, entre las calles de Antonio Maura y Felipe IV no existía, como tampoco la calle Alberto Bosch, entre Casado del Alisal y Espalter, que atraviesa desde Alfonso XII hasta Ruiz de Alarcón.

En 1870, se abre la calle de Granada, actual Alfonso XII, enlazando el arco de Independencia con el Observatorio Astronómico. Uno año después, en 1871 se añade la plaza de Independencia. En 1874, se prolonga y desmonta hasta el Salón del Prado para obtener la alineación con el terreno donde se levanta a principios del siglo XX el palacio de Comunicaciones.

Salón de Reinos. Real Sitio del Buen Retiro.

Los primeros solares urbanizables se situaban en las manzanas establecidas en 1865 entre las calles de Alfonso XII y Alfonso XI, separadas por la calle Valenzuela. La venta de estos solares se realizó en subasta pública, y los compradores tenían la obligación de construir en un año a partir de la escritura.

Estas subastas debieron carecer de interés ya que los precios de tasación de los solares coinciden con los de las adjudicaciones a los compradores. De hecho, hacia 1877, las viviendas edificadas eran escasas. Debemos esperar hasta 1880 para que el desarrollo inmobiliario del barrio de los Jerónimos despegue. A partir de esa década y hasta los primeros años del siglo XX, se levanta el mayor número de construcciones. Este proceso constructivo se concentró inicialmente en la zona norte del barrio, siendo posteriores los edificios próximos al Jardín Botánico. En los años ’20 del siglo XX el barrio está prácticamente urbanizado todo su espacio, destacando el Palacio de Comunicaciones y el Hotel Ritz.

Poco después se construye la nueva sede del Ministerio de Marina, en la calle de Montalbán. Esta calle, que une Alfonso XII con el paseo del Prado es una de las últimas en trazarse de la zona. Se recorrido atraviesa el espacio ocupado anteriormente por el mencionado palacio de San Juan y el Jardín de Primavera, creados por Fernando VII. En un primer momento, se abrió el tramo entre las calles Alfonso XI y Alfonso XII, y tras desaparecer el Jardín de Primavera se amplío su trazado hasta el paseo del Prado.

LA CASA-PALACIO DE DON MANUEL GONZÁLEZ-LONGORIA

Construcción de la casa-palacio

La manzana situada entre las calles Juan de Mena y Ruiz de Alarcón fue delineada por el arquitecto municipal Agustin Felipe Peró, tras la segregación de esta zona de la posesión real del Buen Retiro. El solar en el que posteriormente se levantó la casa-palacio de don Manuel González-Longoria y Cuervo fue adquirido en 1877, por 93.600 pesetas, por José Gómez-Rodulfo y Yagüe, quien a su vez lo vendió en 1888 al financiero asturiano por 163.680 pesetas.

Ese mismo año, González-Longoria encarga el diseño del edificio al arquitecto José Marañón Gómez Acebo, autor de varios inmuebles localizados en la zona, concluyéndose su construcción en 1889. El objetivo de González-Longoria con este proyecto era disponer tanto de una residencia como de un lugar de trabajo, obteniendo además una rentabilidad económica con la construcción de viviendas adicionales para su arrendamiento.

De este modo, el interior del edificio se organiza en dos zonas, con accesos independientes. La primera zona, con portal y entrada por la calle Ruiz de Alarcón, fue la destinada a arrendamiento. Contaba con dos viviendas en las plantas segunda y tercera, y un estudio de artista en la buhardilla, comunicadas por una escalera interior que era también usada para el servicio de los González-Longoria. Su semisótano disponía también de acceso propio y directo desde la calle Ruiz de Alarcón, siendo utilizado como local.

La segunda zona del edificio, más suntuosa, tenía su entrada por la calle Juan de Mena y correspondía a la parte destinada a la residencia y las oficinas de los González-Longoria. Nuestra visita se va centrar en este segundo sector.

En 1912, el inmueble es heredado por Manuel González-Longoria y Leal, I marqués de la Rodriga e hijo del promotor del edificio, quien, tras trasladarse a Oviedo, vende el edificio al Colegio de Notarios de Madrid en 1925.

El Colegio Notarial de Madrid

El Colegio Notarial de Madrid, surgido en 1862 con la unión del cabildo de escribanos de número y de provincia de la corte, adquiere el inmueble por 1.100.000 pesetas, y su mobiliario por 166.000 pesetas. La zona destinada a alquiler -viviendas, estudio y local- mantuvo su uso, mientras que el resto del edificio fue adaptado a las necesidades del Colegio.

El arquitecto elegido para llevar a cabo las obras de acondicionamiento fue Vicente Agustí Elguero. En un primer momento, se plantea su reforma completa, pero finalmente se decide respetar la zona noble de la casa-palacio, situada en la planta principal, destinando el resto de la superficie de este nivel a salón de actos y biblioteca. El sótano y el entresuelo pasaron a albergar las oficinas del Colegio, el Despacho del Decano y la Sala de Oposiciones. Se modificó el portal de Juan de Mena, suprimiendo la zona central de paso de carruajes, dividiendo e independizando sus dos zonas (oficinas y residencia) y danto entrada, por medio de una nueva escalera, actualmente cegada, a las oficinas del Colegio.

Las obras comenzaron en 1925, pero se dilataron hasta 1927, año en el que se inaugura la nueva sede del Colegio Notarial de Madrid. Su Junta Directiva enriqueció la decoración del edificio con el escudo notarial de la fachada y un busto de Joaquín Costa, obras del escultor Ángel García Díaz, así como por dos retratos de Alfonso XIII. Para saber más acerca de este escultor os recomendamos la lectura del post del blog Arte en Madrid.

COLEGIO NOTARIAL-Escudo
Detalle escudo Colegio Notarial de Madrid. Ángel García Díaz.

En 1974, se anexionó a la sede del Colegio la zona del inmueble dedicada a arrendamiento. La entrada a la sede paso a ser el acceso de la calle Ruiz de Alarcón, reservándose el portal de Juan de Mena para los actos académicos y de carácter social. Se retiraron de la primera planta las oficinas del Colegio, trasladándolas a la tercera planta. Se situaron en esta planta dos salas de oposiciones, y entre ambas un amplio salón recibidor, donde se colocaron los retratos de los decanos del Colegio. La segunda planta permaneció sin modificaciones, cediéndose la cuarta planta a la Junta de Decanos y la Mutualidad Notarial, ocupando la Mutualidad de Empleados el ático.

En los años ’80 del siglo XX se llevaron a cabo algunas obras de consolidación, reubicándose la Biblioteca del Colegio a la planta baja. Posteriormente, la Biblioteca del Colegio fue trasladada de nuevo, esta vez a la calle Moreto, mientras que la Junta de Decanos, el Consejo General del Notariado y la Mutualidad Notarial fueron llevados a la sede de la calle Martínez Campos.

RECORRIDO POR LA CASA-PALACIO

La casa-palacio de don Manuel González-Longoria presenta un estilo ecléctico, aunque con referencias al neorrenacimiento italiano, que se observan en algunos de sus detalles ornamentales.

Fachadas exteriores

Las fachadas exteriores diseñadas por José Marañón Gómez Acebo siguen las ordenanzas municipales de la época -muros de ladrillos visto sobre zócalo de cantería de granito-, mostrando los rasgos típicos de los proyectos del arquitecto: piedra blanca en ménsulas, repisas, jambas, dinteles y algunos antepechos de la planta principal y la coronación de la entrada de la calle Juan de Mena, cuerpo de miradores de hierro y cristal superpuestos y adaptados a la planta circular del chaflán, y alero volado de canecillos de madera.

Los dos accesos del edificio muestran una solución similar, con una portada con arco de medio punto. La entrada principal, en la calle Juan de Mena, se encuentra enmarcada por columnas de orden corintio sobre pedestales, extradós decorado con motivos geométricos y balcón de remate con balaustres y ménsulas de piedra.

Exterior de la casa-palacio de don Manuel González Longoria.

Portal de la calle Juan de Mena

El portal de la entrada principal presenta doble altura, con techo decorado con motivos vegetales, triforios laterales fingidos, arquillos trilobulados y columnillas sobre ménsulas. La puerta tallada de madera tiene una cristalera emplomada, bajo un friso geométrico. Tras ella se hallaba el gran recibidor, a través del cual se alcanzaba el patio y el acceso a las cocheras y caballerizas localizadas en el semisótano.

Detalle de uno de los faroles que iluminan el interior del portal de la calle Juan de Mena.

En el espacio del “postportal” descendían los ocupantes de los carruajes que accedían al interior del edificio. La escalera situada a la derecha comunicaba directamente con el despacho de González-Longoria y las oficinas, mientras que la de la izquierda con la residencia. Esta segunda escalera era más noble, y contaba con dos tramos hasta el piso principal y a partir de ese nivel con doble ramal. Ambas escaleras son de mármol y están exentas, dando lugar a un espacio grandioso, decorado con un pórtico adintelado en medio, columnas de fundición estriadas y con capiteles jónicos, vigas, frisos y techos con molduras y casetones.

Postportal de la entrada principal en la calle Juan de Mena.

Planta principal

La distribución y ornamentación de esta planta era palaciega. Actualmente, conserva parte de su mobiliario original que, como hemos visto, fue adquirido a la familia González-Longoria por el Colegio Notarial. En ella encontramos el vestíbulo, salón dorado, el salón chinesco y el comedor de gala.

Vestíbulo

El recibidor de la zona residencial es una estancia amplia, de estilo neoclásico. Sus paredes están enteladas y su techo se decorada con frescos con motivos geométricos y naturalistas, que se repiten en la alfombra que cubre su suelo.

Vestíbulo de la antigua residencia de los González-Longoria.

Salón dorado

Esta estancia es el salón principal de la planta noble. Se halla decorado siguiendo las pautas barrocas francesas. En sus paramentos, frisos y techo aparecen molduras con formas vegetales (hojas de acanto, laureles y rosetones).

Salón dorado de la casa-palacio de don Manuel González-Longoria

La zona central del techo, rectangular, achaflanada y flanqueada por semicírculos, está decorada con pinturas de temática clásica. Está compuesta por tres piezas independientes, realizadas al óleo sobre telas. La pieza central rectangular representa el mito de Orfeo y Eurídice, concretamente la escena en la que son separados por Mercurio, que lleva de nuevo a Eurídice al Hades. En la pintura semicircular de la izquierda aparece representada la diosa Flora, y en la de la derecha la diosa Gea.

Representación de la diosa Flora. Salón dorado. Salvador Martínez Cubells.
Mito de Orfeo y Eurídice. Salón dorado. Salvador Martínez Cubells.
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Representación de la diosa Gea. Salón dorado. Salvador Martínez Cubells.

Las pinturas son obra de Salvador Martínez Cubells, pintor especializado en los géneros histórico y costumbrista, famoso entre la aristrocracía madrileña como retratista. Fue también restaurador del Museo Prado, destacando entre sus intervenciones las realizadas en el San Antonio de Padúa de Murillo, varios cuadros de El Greco, y especialmente el traslado y cambio de soporte de las Pinturas negras de Goya en la Quinta del Sordo, una de las primeras intervenciones de este tipo ejecutadas en España. Entre sus innovaciones uso como guía una serie de negativos del interior del inmueble realizados por el fotógrafo Jean Laurent.

Como decorador debemos subrayar su participación en la ornamentación de la iglesia de San Francisco el Grande, con La impresión de las llagas de san Francisco, Los evangelista san Marcos y san Lucas, en el arco de acceso al templo, y los temas dedicados a las órdenes militares de la bóveda central izquierda.

Salón chinesco

Contiguo al salón dorado se encuentra esta habitación circular, que coincide con el chaflán del edificio, y funciona como una rotonda que une el salón principal con el comedor. Recibe su nombre de las escenas exóticas, de inspiración china, que decoran los entelados de seda de sus paredes. Esta decoración contrasta con el techo pintado al fresco, similar a la del vestíbulo, con motivos geométricos y vegetales, así como con ángeles de cuerpo entero, unidos por guirnaldas.

Salón chinesco. Planta noble de la casa-palacio de don Manuel González-Longoria.
Detalle de la decoración del techo del salón chinesco.

Comedor de gala:

De trazas neogóticas, el techo, guarniciones, huecos, mobiliario y zócalo del comedor de gala están realizados en madera de nogal tallada. El comedor está presidido por una gran chimenea de mármol. En el muro opuesto a los balcones encontramos un gran tapiz, con escena naturalista, al igual que las dos sargas colocadas junto a la chimenea y el otro paramento lateral. Sigue teniendo en la actualidad la misma función, siendo utilizado por el Colegio Notarial para determinadas celebraciones.

Comedor de gala de la casa-palacio de don Manuel González-Longoria.

EL ARQUITECTO DE LA CASA-PALACIO: JOSÉ MARAÑÓN GÓMEZ ACEBO

El arquitecto responsable del diseño de la casa-palacio fue José Marañón Gómez Acebo, autor de otros inmuebles en el mismo barrio de los Jerónimos como por ejemplo en los edificios de viviendas de las calles Juan de Mena nº 21 y Academia nº 10.

Su estilo se caracteriza por un eclecticismo, influido por el Trecento veneciano y el neogótico de Viollet-le-Duc y su discípulo Juan de Madrazo, en el que proporciona bastante importancia a la cerrajería.

Entre sus trabajos destacan el palacio del conde de Vistahermosa, las casas-palacio de la marquesa de Bellamar, el conde de Vistahermosa y el barón de Montevillena, aunque su obra más conocida es el Hospital Central de la Cruz Roja de San José y Santa Adela, en la avenida de la Reina Victoria nº 24.

A estos inmuebles debemos añadir la arquitectura del panteón de de Sainz Hernando (1897), en la Sacramental de San Isidro.

Curiosamente, este no fue el único encargo que recibió de Manuel González-Longoria, para quien diseñó otros tres edificios de viviendas colectivas destinadas a alquiler.

Hospital Central de la Cruz Roja de San José y Santa Adela.

LA FAMILIA GONZÁLEZ-LONGORIA

Terminamos el post hablando de la familia González-Longoria. El promotor del edificio fue, como hemos visto, el financiero asturiano Manuel González-Longoria, indiano que obtuvo su fortuna en Holguín, distrito de Santiago de Cuba, ampliándola a su regreso a España en Madrid y Oviedo.

Primer se instaló en Oviedo, y posteriormente en Madrid, convirtiéndose la capital en el centro de sus relaciones económicas. Aquí, compró varios solares y construyó edificios de alquiler, formando además parte de diferentes consejos de administración, como los del Banco Español de Crédito (Banesto) y la sociedad Hidráulica Santillana.

Se dedicó también a la política siendo elegido en varias legislaturas, entre 1879 y 1886 diputado por las provincias de Oviedo y Santiago de Cuba. En 1891, es nombrado senador vitalicio.

A través del matrimonio de sus hijas, enlazó con la nobleza, aunque el verdadero ennoblecimiento de la familia llega en 1895, al obtener, por medio de sus influencias políticas y palaciegas, el marquesado de la Rodriga para su hijo, Manuel González-Longoria y Leal.

Otro miembro conocido de la familia fue, como hemos dicho al principio del post, su sobrino, el banquero y político Francisco Javier González-Longoria.

Palacete modernista propiedad de Javier González-Longoria.

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